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jueves, 10 de junio de 2010

LA HISTORIA DE UNOS ZAPATITOS BLANCOS


Audiovisual realitzat per l'Anton Millàs presentant el poema La Historia de unos zapatitos blancos de l'Ofelia Picón (descansa en pau amiga Ofelia)

jueves, 28 de enero de 2010

San Andrés de la Barca, a 22 de febrero de 1957



Queridos padres y hermanos: deseamos que al recibir esta carta se encuentren bien de salud. Nosotros bien por la presente
             ADG
Queridos padres: después de saludarles con todo el cariño que ustedes se merecen, paso a decirles que hemos dado el viaje muy bien. Un poco largo, pero bien. Yo pensaba que los trenes corrían más, pues hemos gastado dos días de Lorca a Barcelona.
Madre, nos hemos instalado en una pensión con derecho a cocina y a comedor. Tenemos un fogón de carbón igual que el que teníamos en casa en los veranos y una habitación para dormir.
Nosotros, de momento, tenemos bastante. Después ya nos buscaremos otra cosa mejor. Nosotros estamos muy contentos. Yo pienso que ustedes se quedaron muy tristes, pues queremos que estén alegres porque nosotros somos muy felices. Durante toda la semana trabajamos, los domingos vamos al cine o a la capital, que hay muchas maravillosas cosas para ver.
Madre, cuando nos escriban nos cuentan muchas cosas de toda la familia, si se ha ido Tomas a la mili, también como les va a ustedes con el campo y si está el padre un poco más tranquilo. Yo padezco porque se quedó muy triste cuando nos vinimos. No quiero que padezcan por nosotros, que nosotros somos muy felices.
Sin nada más que decirles, muchos recuerdos para todos los vecinos y mucho besos para nuestros hermanos y sobrinos, para ustedes nuestros queridos padres que se lo merecen más que nadie en el mundo.
De sus hijos, Ofelia y José Antonio.

 Ofelia Picón

viernes, 4 de septiembre de 2009

23 DE FEBRERO DE 1981

Más o menos a las 6 de la tarde, casi todos los españoles tuvimos un gran susto.
Un guardia civil de muy alto grado, el señor Tejero Molina, seguido por otros guardia civiles de menos rango pero todos ellos armados hasta los dientes, irrumpieron en las cortes cuando los diputados del gobierno celebraban una reunión importante.
Los ya nombrados, entraron dando gritos e insultando, golpeando a todos los que estaban allí, disparando tiros al techo. El tal Tejero estaba enloquecido, decía: “¡Todos al suelo!”. Tuvieron que obedecer. Mientras tanto, en Valencia, un jefe del ejército estaba preparado con hombres y los tanques para apoyar a Tejero, en concreto, para dar un golpe de estado.
Yo me enteré por una vecina que salió dando gritos al patio de la comunidad. Lo estaban dando en la radio. Yo la consolaba como podía pero yo estaba muerta de miedo. Mi hijo el mayor terminaba la carrera y pensé: “Si viene una guerra se lo llevarán. ¡Dios mío, qué amargura!”
Menos mal que mi marido, que estaba trabajando, me llamó por teléfono y me tranquilizó todo lo que pudo.
Yo creo que el Rey tuvo mucho que ver para que no pasaran las cosas a peor.
Ofelia Picón

LA HISTORIA DE UNOS ZAPATITOS BLANCOS

Eran las fiestas de agosto
del año cuarenta y tantos.
Había unas fiestas muy bonitas
que se hacían en el campo.

Ya se acababa la siega
había menos trabajo.
También se había hecho la trilla
y ya teníamos el grano.

Yo le decía a mi madre:
¡Para las fiestas quiero unos zapatitos blancos!
Ella me dijo: Que sean marrones
porque no se ensucian tanto.

Con mi vestido azul
sencillo pero bonito,
que me lo había hecho mi madre
de un retal que le compró al tío Nico.

Yo entonces tenía nueve años,
pero ya me gustaba presumir.
Sabía que mis amigos llevarían zapatitos blancos
y también los quería para mí.

Pero mi madre que sabía lo que decía:
¡Los compraremos marrones
que así los llevarás cada día!
Más adelante verás que no importan los colores.


Mi madre con su mirada me hizo comprender algo
que a mi corazón decía:
que los blancos eran más caros
y ella era la que lo sabía.

Llegó el día de la fiesta.
Se acaban las opiniones.
Me puse el vestido azul
y en el pelo un lazo blanco,
con mis zapatitos marrones
porque no se ensucian tanto.

Ofelia Picón

HUBO UN CAMBIO EN MI VIDA

El 17 de febrero 1957 fue un día inolvidable. Hacía un día bastante frío. A las diez de la mañana, mi entonces novio y yo, nos dirigimos hacia la Iglesia parroquial de Velez Blanco provincia de Almería, vestidos con lo mejor que teníamos y acompañados de toda nuestra familia y padrinos. Don Gonzalo, el cura mayor del pueblo, nos casó. Fue una fiesta bonita pero muy sencilla.
A la semana siguiente nos vinimos a San Andrés de la Barca.
Fue un largo y pesado viaje. Yo pensaba que no llegábamos nunca. Nos instalamos en una pensión con derecho a cocina. Al principio fue muy duro pues desconocíamos, entre otras cosas, el idioma, las costumbres, sobre todo yo. Mi marido había estado antes aquí, un año trabajando, y él tenía una pequeña idea de las costumbres y del idioma, pero yo no sabía nada. La dueña de la pensión era gallega y medio catalana. Al principio lo pasé muy mal pero conforme fueron pasando los días las cosas fueron mejorando en todo.
A los dos meses de estar en la pensión encontramos una casa para nosotros solos. La casa estaba en la carretera, en el número 81. Era bastante vieja pero a nosotros se nos antojaba la más bonita del mundo. Tenía dos plantas, en la primera tenía una entrada, una puerta de cristales, el comedor, la cocina, un pasillo, el patio, y, en la segunda planta, tres dormitorios.
Vivimos seis años muy a gusto. Me despido con un buen recuerdo y expongo con este texto una foto que estamos mi marido y yo junto a nuestro hijo que nació cuando vivíamos en dicha casa.
Ofelia Picón. 5/ 10 /2007

EL RETRATO DE MI MADRE

El retrato de mi madre

siempre lo llevo en mi pecho
y cuando voy a acostarme
lo saco y le doy un beso.

Mi adorada madre
era buena y sencilla,
yo nunca la olvidaré
porque mucho la quería.

Ocho hijos que crió,
con penas y con fatigas,
a los ocho amamantó
y orgullosa se sentía.

Si alguno estaba enfermo
nos cuidaba noche y día,
estaba tan preocupada
que ni siquiera comía.

Casi nunca se enfadaba
y si alguna vez lo hacía
motivos no le faltaban
con la colla que tenía.

Su sonrisa y su alegría
las tengo en mi corazón.
Siempre pienso que algún día
con ella marcharé yo.

En el pueblo que vivía
los vecinos la adoraban
y el día que ella murió
hasta los niños lloraban.

Ofelia Picón

MI QUERIDA MADRE

Qué bonito es tener madre

para abrazarla
y el día de la madre
con cariño felicitarla.

Yo no tengo madre,
pues hace tiempo la perdí,
pero desde donde esté ella
me guía a mí.

Una madre lo da todo
a cambio de nada
y se conforma con un beso
de su hijo del alma.

Por eso yo digo
que al que tenga
a su madre viva,
el día de la madre
vaya a besarla,
que ella se pondrá
muy contenta
y no cuesta nada.

Hoy, primer domingo de mayo,
qué fiesta tan bonita.
Es el día de la madre
y Dios la bendiga.

Una madre dulce,
cariñosa y buena,
yo hubiera dado
mi vida por ella.

No sé como hay hijos
que a su madre no quieran.
Una madre quiere a sus hijos
y a mil que tuviera,
y ella lo olvida todo
con un beso
que sus hijos le dieran.

Ofelia Picón

jueves, 3 de septiembre de 2009

25 ANIVERSARIO CORAL PAU CASALS

Desde la ventana de un casucho viejo

abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.”1


Pero de pronto la salmantina se vuelve andaluza
y el casucho viejo en un castillo bonito y esbelto.
Y esta andaluza ve todos los lunes
a chicas y chicos deprisa pasar,
con su director todos a ensayar.


Y esta andaluza sabe ya
que todo este grupo es la coral Pau Casals
que su veinticinco aniversario van a celebrar.
Todos son muy guapos y muy educados
pues como a una reina a mí me trataron.

Yo soy la andaluza mitad catalana
que durante catorce años con vosotros cantaba.
Mi felicitación sería veinticinco claveles rojos
por vuestro veinticinco aniversario,
y por catorce años que he cantado con vosotros
catorce claveles blancos.


Ofelia con mucho cariño quiere felicitaros.


Ofelia Picón. Pallejà, 6 de julio de 2002

1. Texto extraído del “Seminarista de los ojos negros” de Miguel Ramos Carrión.